
La gran pregunta que se plantea es de saber, de
comprender ¿Por qué por María? Todo el mundo está de acuerdo -todos los
teólogos- en decir que se trata de unirnos con Jesús y Montfort es el primero
que no vacila en decir: "Si establecemos la sólida devoción a la Sma.
Virgen, es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un
medio fácil y seguro para encontrar al Señor. Si la devoción a la Sma. Virgen
apartase de Jesucristo, habría que rechazarla como una ilusión diabólica.
Pero... sucede lo contrario. Esta devoción nos es necesaria:
Para hallar perfectamente a Jesucristo,
para amarle con ternura,
para recibirle con fidelidad. (VD 62)
Acuérdense del testimonio personal del Papa, Juan
Pablo II, cuando dice que antes de descubrir el "Tratado de la Verdadera
Devoción a la Sma. Virgen" yo había procurado mantenerme a distancia por
temor a que la devoción mariana ocultara a Cristo en vez de abrirle paso. A la
luz del Tratado de Montfort comprendí que sucede lo contrario. Nuestra relación
íntima con la Madre de Dios surge naturalmente a partir de nuestra relación con
el misterio de Cristo". (André Frossard, "Diálogo con Juan Pablo II”
págs. 184 -185.)
Entonces, nos planteamos la pregunta, ¿Por qué
cuando nos volvemos hacia Jesús, es Él que nos dirige hacia María? Porque María
es un medio para hallar perfectamente a Jesucristo, amarle con ternura,
servirle con fidelidad. Porque finalmente María es un camino fácil, corto,
perfecto y seguro para encontrar a Jesús y unirnos con Él.
Montfort en su Tratado da ocho motivos para
consagrarnos a Jesús por María:
-un medio para darlo todo,
-el ejemplo de la Trinidad,
-por los servicios que nos presta María,
-la gloria de Dios,
-un camino fácil, corto, perfecto y seguro,
-plena libertad,
-amor, caridad al prójimo,
-perseverancia.